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Carlos Arturo Medrano Vazquez
InvitadoRecuerde una ocasión en la que diseñó una estrategia o actividad y, tras aplicarla, detectó que debía realizar cambios importantes. ¿Qué falló o qué aspectos necesitaban mejora?
Cuando empecé a asignar actividades de moodle (a nivel licenciatura) para complementar mi curso de inglés en línea sincronico, noté que muchos alumnos no tenían las competencias para realizarlos adecuadamente, ellos necesitaban instrucción en el uso de la plataforma, para lo cual desarrolle video tutoriales que explicaban paso a paso cada etapa que ellos debían completar para realizar exitosamente sus actividades, lo cual la mayoría de los alumnos logró.
¿Ha enfrentado dificultades para obtener retroalimentación útil que le permita perfeccionar una propuesta educativa? Describa un caso.
Si, por que no había contemplado la elaboración de cuestionarios que evalúen la eficacia docente y del curso.
Piense en una experiencia donde intentó repetir o iterar una actividad en otro grupo o ciclo escolar y los resultados fueron diferentes a lo esperado. ¿A qué lo atribuye?
Normalmente tengo la oportunidad de hacerlo y noto que a veces hay variaciones en el interés que despliegan los alumnos por las actividades que se diseñan,
hay veces que las diferencias son muy notables y hay veces que son mínimas.
¿Qué factores (institucionales, de recursos, de tiempo o del propio contexto) han limitado su capacidad para realizar un proceso iterativo de mejora en sus diseños educativos?
Los recursos son importantes, por que en mi caso a nivel primaria, no cuento con un salón propio y esto limita la tecnología que puedo utilizar en clases, me gustaría poder utilizar proyector en cada una de mis clases e internet para aprovechar al máximo los recurso tecnológicos existentes, pero desafortunadamente no lo hago por las limitaciones antes mencionadas.
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Hugo Noel Valdivia Ramos
InvitadoEn mi experiencia docente, debo reconocer que en lo personal no me gusta improvisar. Prefiero tener toda la clase estructurada desde el principio con actividades puntuales; sin embargo, entiendo que esto no siempre es posible. Existen situaciones que salen de nuestro control y no ocurren como uno lo tiene contemplado, por lo que considero que sí es importante aprender a gestionar esa incertidumbre.
Una situación en particular que me forzó a esto fue cuando impartía la materia de Orientación en el Colegio de Bachilleres. Como parte del plan curricular, se abordan diferentes habilidades cognitivas para que el alumno las vaya desarrollando como habilidades para la vida. Pero, en lo particular, siempre me parecieron habilidades desconectadas unas de otras, como por ejemplo, la capacidad de marcar ideas principales y secundarias en un texto estaba desconectada de la habilidad para hacer preguntas críticas sobre ese mismo texto.
En el módulo de orientación vocacional (Orientación II), asigné una tarea permanente: leer el libro La conquista de la felicidad de Bertrand Russell. La dinámica consistía en leer un capítulo de tarea, hacer una reflexión sobre el contenido y comentarlo en clase. Intenté dejar el libro en las copias de la escuela para evitar que fueran a bajar y copiar-pegar de internet o que me dieran resúmenes de foros, pero ante problemas logísticos con los de las copias, terminé compartiendo el PDF.
Empezó a suceder lo que yo no quería: me entregaban “resúmenes” que eran básicamente copiar y pegar partes del PDF. Además, en clase, cuando pedía sus reflexiones (leyendo algunas al azar), me di cuenta de que no había crítica real y casi nadie se animaba a participar.
Ante este problema, entendí que se les estaba exigiendo una tarea para la cual no estaban capacitados: no podían obtener las ideas generales ni desarrollar ideas críticas por sí mismos. Cambié la estrategia: dejé de pedir la “reflexión crítica” formal y les pedí que me contestaran, en sus propias palabras, qué habían entendido y qué creían sobre el texto.
Ese cambio ayudó bastante, ya que quitó la presión del contexto académico. A pesar de que el libro es sencillo, entendible y muy lúcido, supongo que se puede ver como que “cedí” ante la incapacidad de los alumnos; pero yo creo que solo faltaba un cambio de enfoque hacia la pregunta. Eso permitió que la discusión fuera más fluida y logramos reflexiones más completas e interesantes sobre la felicidad, lo cual era el terreno adecuado para que eligieran su carrera con base en sus objetivos de vida, cosa que era el objetivo final de la asignatura. Curiosamente, aunque llevaban la materia de Filosofía, ellos mismos me comentaron que no habían leído libros completos en esa asignatura, solo textos sueltos.
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